Ahí estaba yo...
Pocos minutos despues de mirar al cielo para agradecerle que fuese el único testigo de aquel sueño y recibiendo como respuesta la primera de las muchas lágrimas que derramaría
de felicidad. Y bajo ese mar de lágrimas, seguíamos disfrutando de los últimos rayos que, a pesar del llanto, nos regalaba aquella tarde.
Observé la sonrisa más sincera que nunca había visto y me decía todo lo que yo sabía y podía sentir. Que ese era el c
omienzo de algo nuevo, que escucharía tú voz por encima del ruido...
Y mientras contagiába
mos al cielo con toda nuestra felicidad, este nos respondía con mil nuevas lágrimas que nos empapaban de ella.
Abriste los brazos y descu
briste que ser libre era posible y que gracias a ello podías dar la bienvenida a eso que no esperabas y ahí comenzaste a revivir, a esto que compartías conmigo y te hacía, por fín, feliz.
Aquí estoy yo, repasando aquella tarde repleta de sueños, recordando lo felices que éramos, reviviendo la noche que seguimos, en la que el fuego secó la felicidad de nuestros c
uerpos.
A pesar de lo que pienses, nunca olvidaré aquel instante en el que la luna nos miraba entre nube y nube, aquel día que convertiste en paraíso para mí y aquella tarde en la que
n
o existía nadie mas que tú, yo y eso que llovía desde el cielo a quien mirabas agadecida, al que gritabas libertad, al que sonreias como nunca y al que demostrabas subir y tocar desde el mismo suelo.Es una entre un millón la posibilidad de sentir lo que sentimos tú y yo.

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